¿Cómo se clasifican los dinosaurios?
Cuando hablamos de dinosaurios solemos pensar en gigantes como el Tyrannosaurus rex o en herbívoros de cuello largo como el Brachiosaurus. Sin embargo, la palabra “dinosaurio” engloba a una enorme diversidad de especies que vivieron durante más de 160 millones de años. Algunos eran colosales, otros del tamaño de un pollo; unos caminaban en cuatro patas, otros en dos; había depredadores feroces y pacíficos pastores de plantas. Ante tanta variedad, surge una pregunta fundamental: ¿cómo se clasifican los dinosaurios?
La clasificación no es un simple ejercicio de orden. Permite entender la evolución, ecología y relaciones de parentesco de estos animales. Hoy sabemos que los dinosaurios no eran un grupo caótico, sino que seguían patrones de evolución muy claros. Para descifrarlos, los paleontólogos han desarrollado criterios basados en huesos, postura, cadera y otros rasgos anatómicos que nos permiten organizarlos en grandes categorías.

El inicio de la clasificación: Richard Owen y el concepto de “Dinosauria”
El término “dinosaurio” fue acuñado en 1842 por el paleontólogo británico Richard Owen, quien notó que varios fósiles descubiertos en Inglaterra compartían características únicas: extremidades robustas y una postura erguida distinta de los reptiles conocidos. Owen los agrupó bajo el nombre Dinosauria, que significa “lagartos terribles”.
Lo interesante es que en aquel tiempo solo se conocían tres géneros: Iguanodon, Megalosaurus e Hylaeosaurus. Aun así, Owen identificó que no eran reptiles comunes, sino parte de un linaje especial. Ese fue el primer paso hacia una clasificación más elaborada.
Criterios modernos de clasificación
Con el paso de los años, la clasificación de los dinosaurios se fue refinando. Hoy, los paleontólogos se apoyan en la cladística, un sistema que organiza a los organismos según sus ancestros comunes y características derivadas compartidas.
Los criterios más importantes para clasificar a los dinosaurios incluyen:
- La estructura de la cadera. Es el punto clave que divide a los dinosaurios en dos grandes grupos: Saurischia (cadera de lagarto) y Ornithischia (cadera de ave).
- La postura y locomoción. Todos los dinosaurios tenían postura erguida, pero algunos eran bípedos y otros cuadrúpedos.
- La dentición y el cráneo. Nos indican si eran herbívoros, carnívoros u omnívoros.
- Características del esqueleto. Por ejemplo, la forma de las manos, las garras, las vértebras o las colas ayudan a diferenciar subgrupos.
Con estos criterios se ha construido un árbol evolutivo que permite ubicar a cada especie descubierta.
La gran división: Saurischia y Ornithischia
La clasificación clásica, propuesta por Harry Seeley en 1887, separa a los dinosaurios en dos órdenes principales según la forma de su cadera.
Saurischia: “cadera de lagarto”
En los saurisquios, el pubis apunta hacia adelante, como en los reptiles actuales. Este grupo incluye dos linajes fundamentales:
- Terópodos: dinosaurios carnívoros (como Velociraptor y T. rex), aunque también dieron origen a las aves.
- Saurópodos y prosaurópodos: los gigantes herbívoros de cuello largo, como Brachiosaurus o Diplodocus.
Un dato fascinante es que aunque los saurisquios se llamen “cadera de lagarto”, de ellos surgieron las aves modernas. Así, la clasificación es más anatómica que evolutiva.
Ornithischia: “cadera de ave”
En los ornitisquios, el pubis apunta hacia atrás, paralelo al isquion, una disposición similar a la de las aves actuales (de ahí el nombre). Este grupo fue exclusivamente herbívoro y muy diverso:
- Ornitópodos: como el Iguanodon y los hadrosaurios o “dinosaurios pico de pato”.
- Tireóforos: dinosaurios acorazados como Stegosaurus y Ankylosaurus.
- Marginocefálidos: que incluyen a los ceratopsios (Triceratops) y a los paquicefalosaurios, famosos por sus cráneos engrosados.
Curiosamente, aunque los ornitisquios tienen la “cadera de ave”, no están relacionados directamente con las aves. Esto es un claro ejemplo de evolución convergente.

Un debate reciente: la hipótesis Ornitoscelida
En 2017, un estudio publicado en Nature propuso una revisión radical: los terópodos (carnívoros) y los ornitisquios (herbívoros) podrían estar más emparentados entre sí que con los saurópodos. A este clado lo llamaron Ornitoscelida.
Aunque la propuesta es controvertida y no todos los paleontólogos la aceptan, demuestra que la clasificación de los dinosaurios sigue siendo un campo dinámico. Cada nuevo fósil puede alterar el árbol evolutivo que creíamos estable.
Subgrupos principales de dinosaurios
Terópodos
- Mayormente carnívoros, aunque algunos desarrollaron dietas omnívoras o herbívoras.
- Bípedos y generalmente con garras afiladas.
- Incluyen desde depredadores gigantes como T. rex hasta especies emplumadas como Velociraptor y las aves modernas.
Saurópodos
- Herbívoros gigantes de cuello y cola largos.
- Caminaban en cuatro patas y alcanzaban longitudes de más de 30 metros.
- Ejemplos: Diplodocus, Brachiosaurus.
Ornitópodos
- Herbívoros bípedos o cuadrúpedos.
- Muy exitosos en el Cretácico, especialmente los hadrosaurios.
- Ejemplo: Parasaurolophus.
Dinosaurios acorazados
- Incluyen a los estegosaurios con placas dorsales y a los anquilosaurios con pesadas corazas y mazas en la cola.
Dinosaurios con ornamentación craneal
- Los ceratopsios, con cuernos y volantes óseos (como Triceratops).
- Los paquicefalosaurios, con cráneos abovedados que probablemente usaban en combates.
La clasificación en la práctica: cómo trabajan los paleontólogos
Cuando un paleontólogo descubre un fósil, no basta con identificarlo como “un dinosaurio”. Debe compararlo con otros especímenes y analizar rasgos específicos:
- La forma del pubis y el isquion.
- Los dientes y mandíbulas.
- La proporción de las extremidades.
- Detalles microscópicos, como las suturas en los huesos.
Un ejemplo curioso ocurrió con el Iguanodon. El primer fósil encontrado incluía un hueso puntiagudo que los científicos creyeron era un cuerno nasal. Décadas más tarde, se descubrió que en realidad era una garra del pulgar. Esto muestra lo complejo que puede ser clasificar correctamente a un dinosaurio con restos incompletos.
Preguntas frecuentes
1. ¿Cuál es la diferencia entre Saurischia y Ornithischia?
Se distinguen por la orientación del pubis: hacia adelante en los saurisquios, hacia atrás en los ornitisquios.
2. ¿Todos los dinosaurios carnívoros eran terópodos?
Sí, los carnívoros pertenecían a los terópodos, aunque algunos evolucionaron dietas diferentes.
3. ¿Las aves son saurischias u ornithischias?
Sorprendentemente, las aves descienden de los saurisquios (terópodos), a pesar de que su cadera se parece a la de los ornitisquios.
4. ¿La clasificación de los dinosaurios es definitiva?
No. Nuevos descubrimientos, como la hipótesis Ornitoscelida, siguen modificando nuestra comprensión.
Conclusión
La clasificación de los dinosaurios no es solo una cuestión de nombres, sino una ventana hacia su evolución y diversidad. Saber distinguir entre Saurischia y Ornithischia, entender qué los hace únicos y cómo se relacionan entre sí, nos permite apreciar que los dinosaurios fueron mucho más que monstruos gigantes: fueron un linaje dinámico que dio forma a la historia de la vida en la Tierra.
Cada nuevo hallazgo fósil puede cambiar la forma en que entendemos este árbol evolutivo. Y si algo nos enseñan los dinosaurios es que la ciencia está en constante evolución, al igual que ellos lo estuvieron durante millones de años.
Referencias
- Benton, M. J. (2015). Vertebrate Paleontology (4th ed.). Wiley-Blackwell.
- Brusatte, S. L. (2018). The Rise and Fall of the Dinosaurs: A New History of a Lost World. William Morrow.
- Holtz, T. R. (2007). Dinosaurs: The Most Complete, Up-to-Date Encyclopedia for Dinosaur Lovers of All Ages. Random House.
- Norman, D. B. (2020). Dinosaurs: A Very Short Introduction. Oxford University Press.
- Seeley, H. G. (1887). On the classification of the fossil animals commonly named Dinosauria. Proceedings of the Royal Society of London, 43(259–265), 165–171.
- Baron, M. G., Norman, D. B., & Barrett, P. M. (2017). A new hypothesis of dinosaur relationships and early dinosaur evolution. Nature, 543(7646), 501–506. https://doi.org/10.1038/nature21700



