DECESO de “Pterosaurios bebés” en tormentas jurásicas resuelven un viejo misterio

Un pequeño fósil hallado en Alemania, uno de los más delicados y perfectos que conserva el registro jurásico, ha permitido a los paleontólogos reconstruir una escena mortal: dos crías de pterosaurio fueron arrancadas por vientos huracanados, rompieron sus alas en el aire y cayeron al agua, donde quedaron enterradas y conservadas durante 150 millones de años. La investigación publicada en Current Biology no es solo una anécdota trágica; explica por qué las calizas de Solnhofen, uno de los yacimientos fósiles más famosos del mundo, está repleto de juveniles casi completos y escaso en adultos.
Solnhofen (sur de Baviera) es una ventana única a la vida del Jurásico superior. Allí se han preservado organismos con extraordinario detalle, desde peces hasta el famoso Archaeopteryx, gracias a lagunas hipersalinas con fondos sin oxígeno que impedían la descomposición. Pero durante generaciones los paleontólogos se han preguntado: ¿por qué la mayoría de los pterosaurios encontrados son crías, mientras que los adultos aparecen raramente y muy fragmentados? El nuevo estudio propone una explicación convincente: las tormentas catastróficas concentraban los cuerpos de las crías en las lagunas, donde las condiciones excepcionales favorecían la fosilización.
Los protagonistas del hallazgo, apodados “Lucky” y “Lucky II”, pertenecen a Pterodactylus antiquus. Ambos esqueletos son minúsculos: alas de menos de 20 cm de envergadura, lo que indica que eran neonatos o de apenas semanas de vida cuando murieron. Lo que sorprendió a los investigadores fue el idéntico patrón de fractura en sus alas: una ruptura limpia en el húmero, pero en lados opuestos. No se trataba de depredación ni de accidentes al chocar contra rocas. Las fracturas tienen la morfología típica de lesiones por torsión, idénticas a las que hoy vemos en aves y murciélagos juveniles azotados por vientos extremos.

El equipo usó micro-TC y comparaciones con huesos actuales para descartar causas post-mortem. No había marcas de mordeduras ni signos de carnívoros. La conclusión más parsimoniosa es que las ráfagas de viento fracturaron las alas de los pequeños pterosaurios en pleno vuelo, provocando su caída mortal. Paradójicamente, ese mismo evento favoreció su preservación: los cuerpos quedaron rápidamente sepultados en el barro fino de las lagunas anóxicas.
Este descubrimiento resuelve un rompecabezas de más de un siglo. Por un lado, explica por qué Solnhofen tiene tantos juveniles bien preservados: eran más débiles en vuelo y, por tanto, más vulnerables a las tormentas. Por otro, justifica la escasez de adultos completos: sus restos no solían llegar a las lagunas en condiciones de preservarse. El registro fósil, entonces, no refleja un ecosistema dominado por crías, sino un sesgo de preservación selectiva.
Las implicaciones van más allá de la tafonomía. Si tantas crías estaban volando cerca de islas, esto sugiere un alto grado de precocidad en el vuelo: los pterosaurios probablemente podían alzar el vuelo poco después de nacer. Sin embargo, la vulnerabilidad a las tormentas demuestra que su resistencia era limitada en los primeros meses de vida. Aún no está claro si existía un cuidado parental prolongado, pero lo que sí queda claro es que la ecología de los pterosaurios era más compleja de lo que se pensaba.
La investigación también muestra cómo la paleontología combina piezas de museo con tecnología avanzada. Los esqueletos fueron analizados con tomografía para confirmar la naturaleza de las fracturas, y la simetría en los patrones de lesión en ambos individuos apuntó a un mismo agente causal: tormentas jurásicas letales.
Quedan muchas preguntas abiertas:
- ¿eran Lucky y Lucky II casos aislados o representativos de una mortalidad masiva?
- ¿Las fracturas revelan diferencias de edad, condición física o incluso dimorfismo sexual?
- ¿Ocurrían estas tormentas con frecuencia suficiente como para moldear la estructura poblacional de los pterosaurios?
En definitiva, dos crías fosilizadas cuentan una historia mayor: cómo los caprichos de la naturaleza y los sesgos de preservación pueden distorsionar nuestra visión de la vida prehistórica. Gracias a estos fósiles diminutos, los científicos no solo respondieron un enigma clásico de Solnhofen, sino que también obtuvieron una ventana inesperada al drama de los cielos jurásicos.
Referencias:
- Smyth, R. S. H., Belben, R., Thomas, R., Unwin, D. M., et al. (2025). Fatal accidents in neonatal pterosaurs and selective sampling in the Solnhofen fossil assemblage. Current Biology.
- ScienceDaily. (2025, 5 de septiembre). Baby pterosaurs died in ancient storms—and their fossils reveal why juveniles dominate Solnhofen.
- ScienceNews. (2025, 5 de septiembre). Young pterosaurs probably died in violent Jurassic storms.
- Sci.News. (2025, 5 de septiembre). Two extraordinary fossils of immature pterosaurs killed by storms help explain the Solnhofen bias.
- Popular Science. (2025, septiembre). Very rare baby pterosaur fossils tell the sad story of how hatchlings died in storms.



